Futbar blog

La pasión del fútbol de siempre

El «moderneo» del siglo XXI se ha extendido por todos los rincones. El reacondicionamiento de multitud de locales ha revitalizado algunos de estos, mientras que otros tantos han decidido mantener su esencia pase lo que pase. Por el bien de preservar la autenticidad, en La Latina se respira el aroma de las tapas de siempre, las risas entre amigos que comparten una pasión y el ambiente que puso los cimientos del fútbol en los bares. Eso sí, con las prestaciones de los nuevos tiempos.

La Ribera: fútbol en pleno Rastro de Madrid

Desde fuera del local ya se percibe la sensación que habita en su interior: sin duda, entre esas cuatro paredes, el fútbol se vive de una manera especial. Cada jornada, antes de que empiece el partido, un gran tumulto de personas habla y se mueve inquieto a la espera de que todo empiece. De hecho, este es uno de los principales motivos que te anima a entrar. Mientras que en algunos bares modernos apenas existe filosofía de fútbol, en este mítico del Rastro es su gran bandera.

La larga barra de mármol es solo un apoyo para pedir tu consumición y tu ración; también es la sujeción que todo futbolero necesita para no perder el contacto con la realidad. Porque, una vez echa el balón a rodar, la televisión es el único punto reseñable, el medio con el que desconectar y sentir la emoción del estadio en tus propias carnes. En La Ribera, todos miran hacia la misma dirección. Lo hacen mujeres, hombres, nacionales y extranjeros: todos en comunión para disfrutar de otro domingo de fútbol.

Al otro lado del bar, en el salón, el ambiente del balompié no decae un ápice; sin embargo, los seguidores, que no pierden detalle de la televisión, también cenan y disfrutan de los torreznos, la tortilla de patatas y los diferentes embutidos que son marca de la casa. Las grandes victorias se digieren mejor con el estómago lleno.

Alrededor, se multiplican las señales que atestiguan el carácter castizo y nostálgico del local. Las paredes hablan en madrileño puro con un excelente muestrario de dibujos y fotografías de las calles más emblemáticas de Madrid, casi todas de su pasado más glorioso. Asimismo, prevalecen con afán decorativo los detalles que nunca fallan: molinillos de café, sifones y algún jarrón conmemorativo de algún equipo. Este bar es atlético, pero entre sus parroquianos se encuentran aficionados de otros equipos. Todo el mundo es bienvenido.

La Muralla: pasión de la vieja escuela

La Latina es un reducto de contrastes donde los bares de ayer y de hoy conviven sin pisotearse, sin comerse terreno entre ellos. Así, La Muralla es una de esas piezas de la vieja escuela que mantiene sus características intactas. Posee dos pantallas planas colocadas estratégicamente para no perder ningún detalle de los partidos, pero destaca por su larga barra y el desfile de aficionados que se emocionan con cada jugada peligrosa. Atléticos, madridistas e incluso culés: en sus dominios no sobran ni los visitantes ni las conversaciones entre desconocidos con motivo de las tardes de fútbol.

La Muralla posee dos zonas bien diferenciadas: el bar propiamente dicho y el comedor. Y en ambos escenarios, el fútbol se vive con la misma pasión: la del grito de júbilo y la cerveza; la de la nostalgia y la copa por las grandes victorias; y la del refresco y la emoción de la juventud. Porque no solo acuden los aficionados de siempre; también lo hacen los más pequeños, que visitan el bar con sus padres en comandita para compartir momentos de padre e hijo. Esa sensación, vivida por todos los amantes del fútbol en la infancia, se vive mejor en los bares de siempre.

Además de buen fútbol y buen ambiente, en La Muralla triunfa la tapa o la ración de patatas revolconas, un clásico de la casa que se ha convertido en plato estrella. En mitad de un partido, no hay nada como acompañar la consumición con una cazuela de este manjar de Ávila y sus torreznos que dan la cena por servida. Porque el fútbol y los clásicos siempre han casado a la perfección.