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Un templo del fútbol en el centro de Madrid

Cuando se habla de fútbol, hay bares que cambian de naturaleza. La ambientación es tal que puede sentirse la espectación del estadio, el frío en las gradas, los cánticos. Pero, en realidad, bajo techo y con la temperatura ideal, configuran una atmósfera perfecta para disfrutar con el deporte rey igual que desde un estadio. 

Un estadio en el centro de Madrid

Aunque el centro de Madrid es cosmopolita, turista y vive preso del “ir y venir”, si lo buscas, todo puede quedar en familia. Ocurre en la taberna andaluza El Cardeña, sita en la Plaza del Ángel, con las plazas de Santa Ana y Jacinto Benavente a pocos metros, y la Puerta del Sol a pocos minutos. Las bombillas vintage de estilo Edison flotan por todo el local, los carteles retro decoran sus paredes y, con el ánimo de dibujar sonrisas, en algunas de sus esquinas espera una frase ingeniosa escrita en una pizarra.

Allí se reúnen los aficionados de siempre, los que abandonan la rutina por unas horas para añadirle buena bebida, exclente comida y fútbol a su semana. Y se conocen entre ellos. También los advenedizos, tanto de país como de bar, pueden sentirse como en casa. Igual que los habituales, buscan deleitarse con la pasión del fútbol español en un local típico que sea claro en sus servicios: una amplia carta y dos grandes pantallas para no perder detalle de cada jugada.

En El Cardeña, la familia futbolera que se reúne en cada partido simula el ajetreo y la personalidad de un estadio de fútbol, pero lo hace apostada en las mesas para uno, dos, tres o cuatro forofos que se reparten en el local; o en la barra, como muchos seguidores solitarios que prefieren hablar con los camareros en los descansos. Los aficionados llegan en pequeños grupos, calentándose las manos y hasta de manera puntual, como en los vomitorios de cada templo. Con semejante goteo y el partido empezado, los decibelios aumentan en pocos minutos: el ambiente ya está a punto e, incluso entre semana, se respira la esencia de los sábados y los domingos de fútbol. No existe una sensación igual.

Un entretenimiento doble

Mientras la pelota rueda y los “uys” se suceden en cascada, las jarras de cerveza y sangría surgen en tropel acompañadas de tapas auténticas. La de paella es la que más triunfa y la que más se agradece, ya sea en invierno o en verano, más para un turista que quiere subirse al tándem del buen fútbol-gastronomía española. De esta manera, circula el balón, el apetito y la satisfacción por un día redondo.

Sin embargo, lo que se convierte en un tapeo puede pasar a mayores gracias a la kilométrica y suculenta carta que hace del partido una experiencia culinaria. Disponible sobre la mesa, también aparece escrita en grandes pizarras sobre la pared, con el fin de combinar la elección de una ración con el último vistazo a una jugada rectificada por el VAR. Sobre la barra, en el interior de largas cámaras, otros productos y tapas esperan la decisión de sus visitantes.

Así, desde tostas y baguetines hasta generosos entrecots y cazuelas de rabo de toro, todas sus especialidades se acomodan entre la larga lista de productos. Para los menos futboleros, siempre queda un salón alejado de la zona del bar, consciente del ambiente que se respira al otro lado, pero sin malograr el ágape en petit comité.

Una afición generosa

La buena afición de un estadio se percibe al instante: nada de abucheos, ninguna mala palabra y un ánimo constante. En El Cardeña, tanto las buenas jugadas como los goles no se celebran con gritos desbocados, sino con aplausos de euforia y reconocimiento. Ante semejante panorama, los triunfos se sienten propios y la camaradería sale a pasaer por todo el local, acompañándote hasta casa. Una actitud generosa para los chavales que, semana tras semana, se juegan el alma sobre el césped para que nosotros podamos brindar por otro gran partido.